Jorge Aragón Campos
Para quienes tienen la pésima costumbre de leer esta columna, no es un secreto el seguimiento que le he dado al proyecto de dotar a Sinaloa, de un Instituto de Cancerología acorde a la importancia del problema.
Somos un país que está envejeciendo, lo cual nos mete a una situación novedosa sobre la cual, mayormente, se ha puesto énfasis en la vertiente que corresponde al régimen de pensiones y jubilaciones. Sin embargo, no es ahí donde está el mayor reto. Para quienes llegan a edad avanzada, la preocupación sobre la muerte va superando a la preocupación sobre la vida, es decir, puede ser más ardua y difícil la despedida que el tiempo que aun quede sobre la tierra. Y es que una enfermedad grave puede exigir una erogación mayor a lo que costaría la manutención durante dos o tres décadas de vida.
El cáncer es una enfermedad grave y, peor aún, es una enfermedad que se vuelve cada vez más frecuente, pues suele hacerse presente como parte del proceso natural del envejecimiento: cáncer de colon, de próstata, ovarios, matriz y páncreas, por mencionar sólo algunos, son considerados ya padecimientos propios de gente vieja.
El Instituto Sinaloense de Cancerología, es un proyecto que ha sufrido de altibajos pero, todo así lo indica, es decisión del gobierno de Aguilar Padilla concluirlo dentro de su sexenio, por lo que podemos ser optimistas y pensar que para el año entrante estará dando servicio a toda la población del estado. De hecho, estoy enterado, esta misma semana será el dictamen sobre las diferentes propuestas que existen para su realización. Desde tiempo atrás, la Secretaría de Salud estatal elaboró su propio diseño, sustentado en la experiencia recogida durante años de atender a miles de sinaloenses, de dar seguimiento constante al surgimiento de nuevas terapias y tecnologías y, por supuesto, remitiéndose a su propio banco de datos, donde es posible ver el comportamiento actual y tendencias en la salud de la población.
La lógica más elemental, reconoce de antemano las virtudes de esa propuesta, y es de desear resulte triunfante, pues estamos hablando de que, según rezan las estadísticas, quien esto escribe y quien lo lee, acabaremos ahí pasado un tiempo.
Nos guste o no.
Lo que a ambos sí nos gusta, es El Miradero, con su formidable lengua en salsa verde y su atmósfera verde y exuberante, para ir a descansar no sólo del calor, sino del mismísimo aire acondicionado: a estas alturas, hasta jaqueca da. Hace falta pasear por los lugares que suelen ser más frescos por estar fuera de la mancha urbana. Además, ya está reabierto el museo INSECTARIA, que ha quedado increíble, un verdadero orgullo para Sinaloa: en el kilómetro siete y medio, en La Higuerita, por la carretera a Culiacancito. Pasan Bacurimí, pasan Bellavista, pasan Huertos del Pedregal, luego hay una gasolinería (a mano derecha) y ya de ahí se alcanzan a ver los anuncios. Ahí mismo hay carpintería: hay catálogo de muebles y pueden ordenarlos a su gusto y pagarlos con tarjeta de crédito. Nos vemos aquí el próximo jueves, y todos los días y a cualquier hora en el programa. En jaragonc@gmail.com pueden enviar sus comentarios.



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