Jorge Aragón Campos
Con toda seguridad, usted ya está enterado de la existencia de un grupo de damnificados por el pasado proceso electoral, conocido como “las viudas de Vizcarra”, pero la idea hoy no es hablar de ellos, que bastante tinta y pixeles les han dedicado, sino de sus némesis a quienes, cosa curiosa, nadie menciona e inclusive, según parece, ni siquiera los hacen en el mundo; pero existen, los he visto y leído y sin lugar a dudas los podemos llamar… Las Doncellas del MALOVA (de preferencia, acompañar con música de Richard Clayderman).
Entre las Doncellas, lo mismo hay periodistas que dirigentes partidarios y empresarios (sí, también entre ellos hay quienes le atinaron; ¿o qué pensaba, qué todos los hombres de dinero le fueron al innombrable? No señor, de ninguna manera). Eso sí, en esencia son igualitos a las viudas, la única diferencia es que a diferencia de aquellas, éstas ganaron y eso cambia mucho las cosas, aunque nada más en apariencia porque contrario a lo que dice la canción, sí es lo mismo reír que llorar.
Las Doncellas están convencidas de una verdad absoluta: MALOVA se las debe. Pareciera ser que en una noche de luna, ellas ofrecieron su “virtud” a los dioses de la política y del voto, en una especie de sacrificio a favor del góber electo, y todo indica que los dioses les sonrieron.
Pero la psique de estas núbiles chicuelas es algo especial, por no decir que francamente rara: la idea es que no perdieron nada durante la dichosa ceremonia, por el contrario: se volvieron más puras… frágiles… transparentes… de cristal. O sea que nunca las dieron. Según ellas. Y excuso decirles, que desde el cuatro de julio se han vuelto la bichi. Ahora resulta que ya no se puede salir a la calle, mucho menos pretender hacer vida pública, si no se cuenta con un certificado de buena conducta expedido por… ¡Las Doncellas del MALOVA! En serio. El riesgo es enorme, porque a la menor provocación lo pueden dejar a usted catalogado como… ¡viuda de Vizcarra! Lo cual, ya ha de sospecharlo, es infinitamente peor a que le comprueben a uno que, la última visita al DF, la hizo nada más para contraer matrimonio gay.
A decir verdad, se pasan de meneadas… y celosas. Traen la fijación de que durante los próximos seis años, MALOVA podrá disponer de ellas el día que quiera, a la hora que quiera y en la posición que quiera. Pero eso sí: nomás con ellas. Cuidadito con andar viendo a otras, y qué ni se le ocurra pensar en alguna que no forme parte de aquel grupo original y primigenio, que se ofreció a los Dioses en aquella inolvidable noche donde, gracias a sus conjuros, MALOVA quedó condenado al triunfo.
Voy a poner en riesgo mi integridad física: ¿sabía usted que MALOVA ya estuvo en El Miradero? Se lo juro por ésta: pidió lengua y machaca. Usted puede hacer lo mismo, o si gusta hay desayunos completos desde sesenta pesos. Dese la vuelta que, finalmente, el lugar está a sólo quince minutos del centro. Ahí mismo conozca el museo INSECTARIA, que ha quedado increíble, un verdadero orgullo para Sinaloa: en el kilómetro siete y medio, en La Higuerita, por la carretera a Culiacancito. Pasan Bacurimí, pasan Bellavista, pasan Huertos del Pedregal, luego hay una gasolinería (a mano derecha) y ya de ahí se alcanzan a ver los anuncios. También hay carpintería: hay catálogo de muebles y puede ordenarlos a su gusto. Nos vemos aquí el próximo jueves, y todos los días de lunes a viernes en el programa LA FERIA, por RADIO UAS a la una de la tarde. En jaragonc@gmail.com pueden enviar sus comentarios.




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