Jorge Aragón Campos
Apenas en la entrega anterior, me referí a las notorias consecuencias que está teniendo ya la ausencia de la COCOSIN en la infrestructura pública de Sinaloa. Lamentablemente, las malas noticias tienden a multiplicarse.
Como a muchos nos consta, la guerra que inició con la contienda electoral no sólo no concluyó junto con ésta, sino que en algunos frentes ha arreciado. Desde el arranque de las hostilidades, el sector salud ha sido puesto en el ojo del huracán y ahora, ultimamente, se han visto señalamientos y aclaraciones en torno al cumplimiento de compromisos de obras necesarias para la buena atención de los sinaloenses, y que de hecho están incluidas dentro del Plan Estatal de Desarrollo, pero que algunos insisten en advertir que quedarán inconclusas. Por supuesto, las explicaciones oficiales que afirman lo contrario han abundado.
Lo que es ya evidente, es el apuro financiero de la administración estatal, al margen de los motivos que lo estén provocando, situación que se repite por lo menos en los dos municipios más importantes del Estado: Culiacán y Mazatlán. La excepción, claro, es Ahome, porque ahí es ahora tierra de promisión y buenaventura.
Hay que irse a vivir pa´llá, antes de que pidan pasaporte para entrar.
El hecho duro y concreto es que existen apuros de dinero y habrá consecuencias para todos los sinaloenses. Y vuelvo ahora a las obras de infrestructura en salud. El Instituto Sinaloense de Cancerología está destinado a convertirse en una obra emblemática, aunque tal vez habrá que referirse a él en tiempo pasado, es decir: estaba. De la frontera me llega información sobre equipos para el Instituto que se encuentran detenidos, y cuyo retraso vuelve practicamente imposible de cumplir la fecha de entrega para este año. Aquí, los trabajos de construcción del edificio siguen, pero recuerdo muy bien la ceremonia de inicio de los trabajos, donde se enfatizó que el cajón era sólo eso: un cajón. La verdadera importancia radicaba en lo que contendría su interior: nuevas tecnologías para combatir a uno de los males más temibles. Los fierros, pues, que en este caso son lo más caro y es hora que no llegan.
Para preocuparse.
Si usted se hizo presente en el evento de Renato Gutierrez, con la esperanza de que MALOVA lo viera y le garantizara hueso… ¡Olvídese! No es por ahí. Los que saben, dicen que sólo ingresarán al gabinete aquellos que tengan la sana costumbre de ir a El Miradero. Y cómo no, si hay desayunos completos desde sesenta pesos. Dese la vuelta que, finalmente, el lugar está a sólo quince minutos del centro. Ahí mismo conozca el museo INSECTARIA, que ha quedado increíble, un verdadero orgullo para Sinaloa: en el kilómetro siete y medio, en La Higuerita, por la carretera a Culiacancito. Pasan Bacurimí, pasan Bellavista, pasan Huertos del Pedregal, luego hay una gasolinería (a mano derecha) y ya de ahí se alcanzan a ver los anuncios. También hay carpintería: hay catálogo de muebles y pueden ordenarlos a su gusto. Nos vemos aquí el próximo jueves, y todos los días de lunes a viernes en el programa LA FERIA, por RADIO UAS a la una de la tarde. En jaragonc@gmail.com pueden enviar sus comentarios.



Comentarios Recientes