Nov 14

Jorge Aragón Campos

A Colosio lo mataron cuando ya era candidato, y el haber esperado hasta ese momento generó un montón de complicaciones: el hecho resultó sumamente escandaloso, fue difícil conseguir un asesino dispuesto a cambiar su vida por la de la víctima, luego Muñoz Rocha no limpió bien las huellas… peor aún, es de sospechar que los artífices del atentado se tomaron todas esa molestias para ni siquiera salir beneficiados, pues Zedillo acabó entregando el poder a la oposición, resistiéndose a recurrir a las mismas trampas y marrullerías que finalmente nadie veía mal, ni siquiera los de la misma oposición, que con sin igual descaro recurrirían a ellas seis años después.
La única excusa para aquellos errores, sería que Salinas no dejó ver claro quién sería el candidato hasta su destape, por lo cual, para anticipársele y cancelarle la posibilidad de resolver la sucesión a su gusto, habría sido necesario, por lo menos, matar a Colosio y a Manuel Camacho, lo cual habría sido peor de como ocurrió.
El caso Colosio, pues, dejó importantes lecciones a quienes lo cometieron y para todos los que quisieran aprender a hacer mejor ese tipo de actos.
Si lo de Mouriño fue un atentado, las razones estarían entonces en la necedad y torpeza de Calderón, defectos lo suficientemente documentados como para afirmar que la derecha mexicana obtuvo a su propio Bush, pero en versión empeorada: no llega a la mitad de su sexenio y el derrumbe ya empezó. Todos los frentes que ha abierto se le han complicado: el de la dizque guerra contra el narco, su gabinete no da una, la economía se le descompone y el país, en general, se le desmorona, y ahora le matan al delfín. Los señalamientos que afirman la decepción y el hartazgo de quienes lo apoyaron se multiplican con cada día. Algo de sabiduría tuvo el PRI, que creo al tapado y su juego respectivo que iniciaba por allá en el quinto año, pero como éste es muy vivo, y muy necio, sin todavía concluir su segundo año anticipó el juego sucesorio, dejando bien sentado también que él no tiene el perfil de Zedillo, así que su gallo sería el bueno “haiga que hacer lo que haiga que hacer”. Todos los que optan por la hipótesis del atentado, apuntan hacia el narco pero conviene no abandonar la explicación política, sobre todo con una extrema derecha que se siente traicionada y que, ante los errores flagrantes del gobierno, ve con desespero la real posibilidad de perder el poder en el 2012.
Para pleitos sangrientos los internos, y quien lo dude que vaya y les pregunte a los del PRI.
Donde se puede estar muy a gusto, con probabilidades casi nulas de que les caiga un avión en la cabeza, es en El Miradero. Mañana hay bufete y todos los días hay lengua en salsa verde y está prendido el carbón de las parrillas: por la carretera a Culiacancito (es en el kilómetro siete y medio, en La Higuerita), pasan Bacurimí, pasan Bellavista, pasan Huertos del Pedregal, luego hay una gasolinería (a mano derecha) y ya de ahí se alcanzan a ver los anuncios. Mañana hay buffet. Ahí mismo hay carpintería: hay catálogo de muebles y pueden ordenarlos a su gusto y pagarlos con tarjeta de crédito. Nos vemos aquí el martes, y todos los días de lunes a viernes, en el programa LA FERIA, por RADIO UAS a la una de la tarde. Por cierto, LA FERIA está disponible ahora en internet, en la dirección laferiaradio.com donde puede escuchar una selección de los mejores programas del presente año. El sitio amenaza crecer con textos, fotos y videos. No lo pierda de vista, porque dará de que hablar. Ya lo verá. En jaragonc@gmail.com pueden enviar sus comentarios.

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Sep 30

Por Jorge Aragón Campos

No sé a ciencia cierta cómo surgió esa expresión, pero estuvo sumamente vigente durante toda mi infancia y la adolescencia: “sí, chuy”. Se usaba para burlarse de quien pretendía vernos la cara, con ella dábamos a entender que el engaño estaba a la vista y que no caeríamos en él, pues era mayor la ingenuidad de quien buscaba convertirnos en sus víctimas.
Sí, chuy.
Conforme avanza lo de los atentados en Morelia, el “sí chuy” se me vuelve obligado, dirigido de forma muy particular a Camilito Mouriño (por simple corazonada).
Hasta donde yo tenía entendido, los zetas son militares de élite que desertaron del ejército para ponerse a las órdenes del crimen organizado, y ahora me vienen a salir con que el supuesto zeta que arrojo la granada, apenas es capaz de describirla como “un objeto medio redondito, con cuadritos, como las de juguete”. O sea que no sabe cuándo se trata de una granada de fragmentación, incendiaria, de humo, etc. Y mucho menos está enterado de que las granadas no poseen chavetas, sino espoletas. Aquí lo de los términos si importa: la chaveta es un objeto diseñado para mantenerse fijo, para ser movido ocasionalmente y, por lo tanto, exige un protocolo para retirarla, mientras que la espoleta está pensada exactamente para lo contrario, por lo que su forma favorece su retiro. Digo, no me queda más que enmendarle la plana a López Dóriga, que confirmo que “son chavetas lo que tienen las granadas”.
Pues no, no son chavetas y eso debe saberlo muy bien un verdadero zeta.
Y ya que hablamos de TELEVISA, mira qué coincidencia que toda la información sobre los tres supuestos zetas detenidos la tuvo en exclusiva esa compañía.
¡Mira nomás!
Y por último, esas declaraciones videograbadas de los sospechosos (que por cierto, aparecen con huellas de golpes en la cara), donde hablan casi como asambleístas uaseños de los setentas: “lo hicimos para provocar al gobierno federal”. Nomás falto el “de lo que se trata, compañeros, es de favorecer las contradicciones del sistema capitalista, para provocar la insurrección popular… ¡y al diablo con las instituciones¡”
Sí, chuy.
Quiero aprovechar este espacio, para desmentir un rumor que está cobrando dimensiones preocupantes: es totalmente falso que los 26 millones de dólares requisados iban a ser utilizados en puras comilonas en El Miradero. En primer lugar, ni siquiera es un restaurante caro, y en segundo no acostumbran visitarlo los buchones porque es muy familiar. Si no me creen vayan a conocerlo y me darán la razón: por la carretera a Culiacancito (es en el kilómetro siete y medio, en La Higuerita), pasan Bacurimí, pasan Bellavista, pasan Huertos del Pedregal, luego hay una gasolinería (a mano derecha) y ya de ahí se alcanzan a ver los anuncios. Ahí mismo hay carpintería: hay catálogo de muebles y pueden ordenarlos a su gusto y pagarlos con tarjeta de crédito. Nos vemos aquí el jueves, y todos los días de lunes a viernes, en el programa LA FERIA, por RADIO UAS a la una de la tarde. Por cierto, LA FERIA está disponible ahora en internet, en la dirección laferiaradio.com donde puede escuchar una selección de los mejores programas del presente año. El sitio amenaza crecer con textos, fotos y videos. No lo pierda de vista, porque dará de que hablar. Ya lo verá. En jaragonc@gmail.com pueden enviar sus comentarios.

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