Jorge Aragón Campos
Fue a mediados de los setentas que el caderazo, una forma de baile, estuvo de moda. Lo recuerdo muy bien, pues en esa época fue la fiesta de dieciocho años de la que fuera mi primera novia, y en la pachanga insistió en llevarme hasta la pista para que le sacáramos chispas al vitropiso. Yo, que siempre he sido una papa para todo lo referente a mover el bote, me concreté a morder rebozo y de manera sistemática me resistí a sus insinuaciones.
Desde entonces, adiós gubernatura.
Ahora que las cosas ya comienzan a retornar a la normalidad, vislumbro de forma clara a dos que son auténticas ganadoras: mi amá y su hermana (ergo mi tía) la Elva. Desde que todo empezó, al que la quería oír mi amá le comunicaba sus observaciones: “a mi no me la pegan, este MALOVA tomó clases de baile en alguna academia de danza, porque ese movimiento de caderas ¡qué bárbaro! Solo los profesionales”. Pero no nada más era lo que decía, sino la forma: echaba los ojos un poco para atrás y la frente se le perlaba de sudor. Luego la Elva entraba al ruedo para seguirle la onda: “sí, Alba, porque fíjate como echa los brazos para atrás y se pone las manos en la nuca… y no pierde el ritmo”. Ya encarreradas, el par de viejas lúbricas se iban de frente, dándose piola la una a la otra hasta terminar no sé dónde, porque cuantas veces ocurrió lo que les cuento, yo mejor opté por alejarme con toda discreción.
En fin, por lo que se ha visto, la gracia para el baile puede tener sus repercusiones, algo que con toda seguridad más de uno lo habrá experimentado y, por lo mismo, quiero asegurarme de hacerlo notar como una consecuencia de mis agudas cualidades de observación, y aparte sugerir que dicha modalidad, dada su efectividad mostrada, no debe abandonarse en el futuro que viene; bien que mal, por ejemplo, el formato de los informes anuales ha abandonado los rígidos moldes ya caducos, pero no se ha tenido la habilidad para encontrar un formato efectivo que sustituya al anterior. Conviene explorar las posibilidades de esa vertiente, sirve que hasta se recuperaría la atención del gran público. Si gustan, me ofrezco como asesor para la decoración del Congreso: tengo por ahí, toda empolvada pero funcional, una esfera cubierta de espejos que puede vivir un segundo aire.
Ustedes dirán.
Qué buena noticia: ahora en El Miradero hay desayunos completos desde sesenta pesos. Dese la vuelta que, finalmente, el lugar está a sólo quince minutos del centro. Ahí mismo conozca el museo INSECTARIA, que ha quedado increíble, un verdadero orgullo para Sinaloa: en el kilómetro siete y medio, en La Higuerita, por la carretera a Culiacancito. Pasan Bacurimí, pasan Bellavista, pasan Huertos del Pedregal, luego hay una gasolinería (a mano derecha) y ya de ahí se alcanzan a ver los anuncios. También hay carpintería: hay catálogo de muebles y pueden ordenarlos a su gusto. Nos vemos aquí el próximo jueves, y todos los días de lunes a viernes en el programa LA FERIA, por RADIO UAS a la una de la tarde. En jaragonc@gmail.com pueden enviar sus comentarios.


