Jorge Aragón Campos
Mi filosofía ha sido siempre la de evitar en lo posible los pleitos: de por sí es tan difícil hacer amigos, que no vale la pena gastar energías en hacer enemigos. Así pienso. En temporadas electorales, no resulta fácil ser cuate de todos, y menos cuando la situación es como la que tenemos en Sinaloa: se vuelve casi imprescindible tomar abiertamente partido, y no es raro despertar rencores ante la negativa a convertirse en militante rabioso. Yo ahí la llevo pues, hasta eso, en ambos bandos tengo amigos de los verdaderos, de esos que no andan pidiendo muestras de fidelidad, como si fueran la esposa o la querida. Nomás eso faltaba.
Mi situación me pone en una posición privilegiada, lo suficiente como para, en ciertos momentos, tener un atisbo de la situación general. Este fin de semana fue así. Primeramente, tuve una reunión con los vizcarristas y, entre café y café, fueron manifestando un ánimo sombrío sobre el futuro inmediato: la incertidumbre los está matando.
Un día después repetí color, pero ahora con los del bando contrario y ¿qué creen? Exactamente lo mismo. Nomás les faltó llorar. Y conste que no estoy hablando de chalanes, de esos que andan en las esquinas repartiendo volantes, no señor, en ambos casos se trata de gente de buen nivel, con acceso a información de calidad.
Nadie sabe a ciencia que pasará.
Hasta donde recuerdo, de eso se trata la democracia a la que durante tanto tiempo aspiramos. Hace muchos años, el caricaturista Rius retrató la época del absolutismo priista con un chiste, donde un gringo le dice al mexicano: en Estados Unidos, tenemos un sistema de encuestas tan fregón que dos días antes de las elecciones ya sabemos quién será el presidente. Sin inmutarse, el mexicano le responde: eso no es nada, gracias al sistema que tenemos, en México lo sabemos desde un año antes.
Eso se acabó.
¿Vieron la encuesta de Noroeste sobre las tendencias en el sur de Sinaloa? Yo sí. ¿De qué me sirve una encuesta donde el porcentaje de indecisos es superior al del candidato priista? Para esos niveles de incertidumbre, igual yo hago mi encuesta mientras estoy en el baño. Digo, en algo hay que entretenerse mientras.
Eso sí, todas las reuniones han sido en El Miradero, pues no sólo es la catedral de la lengua en salsa verde, sino el restauran más plural de todo Sinaloa: por la carretera a Culiacancito, en la Higuerita. Nos vemos aquí el jueves. En jaragonc@gmail.com pueden enviar sus comentarios


