Feb 06

Jorge Aragón Campos

A Ernesto Diezmartínez lo conozco desde que estaba chiquito. Curiosamente, no ha cambiado nadita: sigue siendo, en lo fundamental, otro apasionado del cine más.

Ni modo.

En apariencia es un hombre afortunado: desde muy joven, supo que lo suyo era el cine y a eso se ha dedicado, con un éxito más que aceptable. Y dije en apariencia, porque lo suyo no ha sido suerte sino, más bien, una reverenda friega: ha trabajado en lo suyo con singular ahínco y dedicación, y poco a poco ha ido recogiendo los frutos de lo que sembró. No tiene, pues, nada que no se lo tenga bien merecido, de ahí que sea, me atrevo a decir, el crítico cinematográfico más importante de México, y uno de los principales de habla hispana.

De ese tamaño.

El pasado jueves, una serie de eventos inesperados desembocaron en un presídium donde estábamos Gerardo Ascencio, Carlos Sandoval, Ernesto Diezmartínez y yo, para la presentación del libro VÉRTIGO, de la autoría de Ernesto. Fue un gusto atestiguar la enorme convocatoria del flaco de oro, pues el salón del Centro Sinaloa de las Artes fue a todas luces insuficiente para contener a la concurrencia. El afecto por Ernesto, y no el anuncio de que habría cerveza gratis, fue la razón para que asistiera tanto público. Puedo asegurarlo. A mí me correspondió fungir como moderador, y no han faltado quienes me han dicho que ya ni la friego: que fui el que más habló, que casi ni deje decir nada a los demás y que antes de que expusiera el propio Ernesto di por terminado el acto. Lo siento, yo no podía permitir que el flaco me comiera el evento: finalmente, el nada más era el autor del libro a presentar, mientras que yo tengo un nombre artístico que mantener en alto. Lo fundamental es que, parece ser, quienes asistieron se la pasaron bien y, más importante aún, el libro se vendió como pan caliente.

Le recomiendo comprarlo y, por qué no, hasta leerlo.

Le recomiendo también ir a desayunar a El Miradero, a hincarle el diente a una formidable lengua en salsa verde. Además, ya está reabierto el museo INSECTARIA, que ha quedado increíble, un verdadero orgullo para Sinaloa: en el kilómetro siete y medio, en La Higuerita, por la carretera a Culiacancito. Pasan Bacurimí, pasan Bellavista, pasan Huertos del Pedregal, luego hay una gasolinería (a mano derecha) y ya de ahí se alcanzan a ver los anuncios. Ahí mismo hay carpintería: hay catálogo de muebles y pueden ordenarlos a su gusto y pagarlos con tarjeta de crédito. Nos vemos aquí el próximo martes, y todos los días de lunes a viernes en el programa LA FERIA, por RADIO UAS a la una de la tarde. En jaragonc@gmail.com pueden enviar sus comentarios.

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