Mar 30

Jorge Aragón Campos

En Guadalajara, el tianguis de la México se distingue por lo especializado: antigüedades y artículos de arte. Después de eso es como cualquier otro tianguis del país, por lo que igualmente los precios son fijados mediante el estira y afloja entre cliente y vendedor. El Ascencio y yo descubrimos que para esos menesteres, el Heriberto Millán es “la espada desenvainada de Dios”; reúne un requisito indispensable para obtener el éxito: es insoportable.

En uno de los puestos, vio un antiguo portallaves en forma de llave (valga la redundancia) pero de un tamaño que lo hacia pesar alrededor de seis kilos. Fue cosa de que el marchante le diera un precio para que el Heriberto se soltara: ¿y no es posible en menos? ¿porque ahorita de dónde? es que yo vine a comprar muebles… porque mi mujer quiere que los cambie cada año ¿usted cree? ¿en estos tiempos de dónde? Y luego nos perdimos ¿ya le conté que nos habíamos perdido? Verá… nos dijeron que esto estaba por La Paz… en serio: por La Paz. Y ahí vamos… ¿y estás taquerías estaban antes que ustedes? Porque en Sinaloa los tacos son distintos…

Cuarenta minutos después, el Heriberto nos alcanzó cargando su llavesota y doscientos pesos más, que el vendedor le había dado con tal de quitárselo de encima. Yo gasté más de quinientos en unas charolas furris de la Coca Cola. El único gusto que me quedó, fue que en el aeropuerto nomás falto que le sacaran sangre, porque la dichosa macrollave aparecía en los rayos equis como si fuera la punta del cañón de una matapolicias, pero tamaño antiaereo. Casi le dedican un operativo especial de la marima para él solito. De hecho, buena parte del vuelo el piloto se vino batallando para evitar que el avión escorara por el sobrepeso del souvenir.

Llegamos bien. Eso sí, después de tan agradable experiencia, me he prometido solemnemente no volver a alejarme de Culiacán más allá de Ruiz Cortines, siempre y cuando no resulte que el Heriberto tiene parientes ahí. De ser así llegaré nada más hasta Pericos.

Qué buena noticia: ahora en El Miradero hay desayunos completos desde sesenta pesos, y estará abierto toda la semana santa y la de pascua. Dese la vuelta que, finalmente, el lugar está a sólo quince minutos del centro. Y jueves, viernes sábado y domingo habrá bufete. Ahí mismo conozca el museo INSECTARIA, que ha quedado increíble, un verdadero orgullo para Sinaloa: en el kilómetro siete y medio, en La Higuerita, por la carretera a Culiacancito. Pasan Bacurimí, pasan Bellavista, pasan Huertos del Pedregal, luego hay una gasolinería (a mano derecha) y ya de ahí se alcanzan a ver los anuncios. También hay carpintería: hay catálogo de muebles y pueden ordenarlos a su gusto. Nos vemos aquí el próximo jueves, y todos los días de lunes a viernes en el programa LA FERIA, por RADIO UAS a la una de la tarde. Por cierto, LA FERIA está disponible ahora en internet, en la dirección laferiaradio.com donde puede escuchar una selección de los mejores programas del presente año. El sitio amenaza crecer con textos, fotos y videos. No lo pierda de vista, porque dará de que hablar. Ya lo verá. En jaragonc@gmail.com pueden enviar sus comentarios.

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Mar 25

Jorge Aragón Campos

A decir verdad, no sé para cuando agotaré este tema del viaje a Guadalajara, pero les confieso que no me importa: me estoy divirtiendo como enano.

En fin.

El domingo mañaneamos el Heriberto y yo y, en lugar de esperar a que el Ascencio nos recogiera, hicimos alianza para adelantarnos a pie hacia los tacos de la avenida México. De hecho, le hablamos por teléfono al babas para decirle que no fuera por nosotros, y que allá nos veíamos y, nuevamente, nos confirmó que los tacos estaban por la misma calle del hotel (les recuerdo: nosotros no sabíamos aún la incapacidad del Ascencio para diferenciar cuando una construcción está en la mera esquina o a mitad de la cuadra. Son conceptos demasiado complejos para él). Al grito de “ahorita llegamos” nos lanzamos a tomar la calle.

Once cuadras después, y casi despellejados por la acción del sol sobre nuestras humanidades, llegamos a una conclusión de corte científico: estábamos perdidos. Sin más remedio, le preguntamos a un periodiquero sobre la calle que buscábamos y su respuesta fue una pregunta: ¿pues quién los mando para acá? Sí, estábamos perdidos. Bien perdidos.

El taxi que tomamos nos puso donde deseábamos, eso sí, nos salió más caro que el avión Culiacán-Guadalajara-Culiacán. “Les dije que es sobre la misma calle del hotel, miren, aquí la Chapultepec cruza con la México ¿no está el hotel en la esquina de Chapultepec y La Paz? ¿No está en ninguna esquina? ¿Me lo juran?” nos dijo el babas cuando le reclamamos. En venganza y por mero instinto (porque no nos habíamos puesto de acuerdo), cuando trajeron la cuenta nos hicimos como si nos hablara la virgen. Acabó pagando él.

Una de cal.

Frente a las taquerías donde desayunamos, todos los domingos se pone un tianguis que, francamente, es una delicia: especializado en antigüedades, ahí es posible encontrar verdaderos tesoros a precio irrisorio.

Ahora sí ya lo vi bien claro: en la próxima termino.

Qué buena noticia: ahora en El Miradero hay desayunos completos desde sesenta pesos, y estará abierto toda la semana santa y la de pascua. Dese la vuelta que, finalmente, el lugar está a sólo quince minutos del centro. Y los domingos hay un bufete que ya es legendario. Ahí mismo conozca el museo INSECTARIA, que ha quedado increíble, un verdadero orgullo para Sinaloa: en el kilómetro siete y medio, en La Higuerita, por la carretera a Culiacancito. Pasan Bacurimí, pasan Bellavista, pasan Huertos del Pedregal, luego hay una gasolinería (a mano derecha) y ya de ahí se alcanzan a ver los anuncios. También hay carpintería: hay catálogo de muebles y pueden ordenarlos a su gusto. Nos vemos aquí el próximo sábado, y todos los días de lunes a viernes en el programa LA FERIA, por RADIO UAS a la una de la tarde. En jaragonc@gmail.com pueden enviar sus comentarios.

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Mar 20

Jorge Aragón Campos

Continuando con la crónica de los desafortunados eventos de nuestra reciente estancia en Guadalajara, y para no hacérselas más cansada, como era de suponerse el Heriberto Millán acabó trepado en el auto que rentamos el Ascencio y yo. Ahí hice otro descubrimiento fatal: el Heriberto es la primera persona que conozco, capaz de hacerme quedar callado, lo cual ya es decir. No acababa de acomodarse en el asiento trasero, y ya tenía monopolizada la conversación a base de puras preguntas, las cuales con la misma rapidez eran respondidas por él mismo: ¿Y ustedes a que hotel llegan? ¿Lafayette? No lo conozco, pero ha de ser bueno ¿verdad? Porque yo no tengo reservación en ninguno. Es más, ahí me quedo y sirve que convivimos estos días. Y ahorita a dónde van ¿ya desayunaron? ¿Birria? ¡perfecto! Me encanta la birria ¿y a ustedes? ¡qué menso yo, todavía les pregunto! ¿chololo? No lo conozco ¿pero la hace buena? Orale y si no, no le hace… ¿falta mucho para llegar con el chololo ese?

Como mínimo, aquella era nuestra cuarta vez en la famosa birria, y nunca habíamos notado lo amarga que podía ser. Eso sí, cuando nos presentaron la cuenta, el Heriberto la tomó en sus manos y dijo “yo pago”.

El médico de urgencias que me hizo volver en mí, me recordó lo que yo ya sabía: que los hipertensos debemos evitar impresiones fuertes. Pues sí, pero cómo diablos va uno a saber a que hora brincará la liebre. Y en esa ocasión ¡vaya que brincó!

Ya instalados en el hotel (cada uno en su cuarto, eso sí, porque en caso contrario yo no habría sobrevivido para narrarles esto), quedamos muy formalmente en ir a desayunar al día siguiente a los tacos de la avenida México. Aquí viene una explicación necesaria. El Ascencio tiene casa en Guadalajara y ahí pernocta siempre, por lo que quedó de recogernos. Sin embargo, el señorito tiene un pequeño problema: no alcanza a entender todavía la diferencia entre “en la esquina” y “a mitad de la cuadra”. Cuando le explicábamos al Heriberto lo de los tacos, el Ascencio dijo con toda claridad que estaban muy cerca, sobre la misma calle del hotel, el cual se ubica sobre La Paz, a media cuadra después de cruzar Chapultepec.

En la qué nos vimos. En la siguiente les cuento.

Qué buena noticia: ahora en El Miradero hay desayunos completos desde sesenta pesos. Dese la vuelta que, finalmente, el lugar está a sólo quince minutos del centro. Y los domingos hay un bufete que ya es legendario. Ahí mismo conozca el museo INSECTARIA, que ha quedado increíble, un verdadero orgullo para Sinaloa: en el kilómetro siete y medio, en La Higuerita, por la carretera a Culiacancito. Pasan Bacurimí, pasan Bellavista, pasan Huertos del Pedregal, luego hay una gasolinería (a mano derecha) y ya de ahí se alcanzan a ver los anuncios. También hay carpintería: hay catálogo de muebles y pueden ordenarlos a su gusto. Nos vemos aquí el próximo martes, y todos los días de lunes a viernes en el programa LA FERIA, por RADIO UAS a la una de la tarde. En jaragonc@gmail.com pueden enviar sus comentarios.

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Mar 13

Jorge Aragón Campos

En la entrega anterior, les platiqué como fue el encuentro con Heriberto Millán en la cola para tomar el vuelo a Guadalajara. No sé cómo le hace, pero en verdad tiene el don de la ubicuidad: juro que venía detrás de nosotros al momento de abordar, y cuando llegamos a nuestros lugares, el ya estaba cómodamente tres filas adelante, poniéndonos cara de por qué se tardaron tanto.

Y así por el estilo.

Estábamos platicando con él, casi de punta a punta del avión, cuando se me antoja ir al baño; voy y estaba ocupado; espero a que se desocupe y… ¿quién creen que salió?… ¡Él! Todavía muy orondo me dice, al pasar, “yo que tú me esperaba un buen rato para entrar”. A los veinte minutos de vuelo, las sobrecargos comenzaron a repartir las nuevas raciones que entregan ahora, en estos tiempos de crisis, y que me hacen recordar aquellos desayunos que el INPI repartía en las primarias. ¿Se acuerdan? Costaban como veinte centavos a la semana, y los pagábamos nomás por el pretexto de poder salirnos media hora del salón. Total, que le pido a la muchacha un refresco Light y me responde que ya se le acabó, que el último lo había tomado “aquel pasajero de allá adelante”. ¿Quién estaba muy sonriente, blandiendo un botellón dos litros de Coca Light tres filas más allá?

Exacto.

Comencé a desear un accidente aeronáutico fatal. “Si el golpe es de frente –pensé-, al menos me voy a ir con el gusto de verlo irse a él primero”. El avión llegó bien a su destino. Lástima. En la puerta, como suele ser, la tripulación formada para despedir al pasaje, y entre ella una azafata portando una canastita ya vacía; la muchacha intentó darme una explicación que no deje llegar: sí, ya sé quién es el cabrón que se acabó los dulces –respondí-.

Por cierto, no he dicho que mi compañero de viaje era Gerardo Ascencio, jalisquillo experto quien, con números, me había demostrado la conveniencia de rentar carro en lugar de pagar taxis. Pues sí, nomás que hay cosas que el dinero no puede comprar. En el aeropuerto tapatío, los locales de renta de autos están junto a los de renta de taxis y… ¿quién andaba como perro en callejón ajeno, porque ni un taxi estaba disponible y fue de nuevo salvado por la providencia representada por nosotros dos?

Exacto, otra vez.

Qué buena noticia: ahora en El Miradero hay desayunos completos desde sesenta pesos. Los domingos hay bufete y este lunes se mantendrá abierto. Dese la vuelta que, finalmente, el lugar está a sólo quince minutos del centro. Ahí mismo conozca el museo INSECTARIA, que ha quedado increíble, un verdadero orgullo para Sinaloa: en el kilómetro siete y medio, en La Higuerita, por la carretera a Culiacancito. Pasan Bacurimí, pasan Bellavista, pasan Huertos del Pedregal, luego hay una gasolinería (a mano derecha) y ya de ahí se alcanzan a ver los anuncios. También hay carpintería: hay catálogo de muebles y pueden ordenarlos a su gusto. Nos vemos aquí el próximo martes, y todos los días de lunes a viernes en el programa LA FERIA, por RADIO UAS a la una de la tarde. En jaragonc@gmail.com pueden enviar sus comentarios.

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Mar 10

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