Jorge Aragón Campos
CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE es una película de los setentas, donde se plantea un futuro deprimente, con una humanidad depauperada por la escasez de recursos y la pobreza, al grado de que un departamento de lujo comprende, como parte del alquiler, la presencia permanente de una muchachota. Hay un momento donde la chica le comenta al protagonista, Charlton Heston, su preocupación porque un nuevo inquilino llegará al departamento, y no sabe si él la aceptará. Heston, para tranquilizarla, le hace un comentario que, dentro del contexto, resulta ser un gran elogio: “no te preocupes, seguramente le gustarás porque eres un mueble muy bonito”.
Los concursos de belleza, han sido siempre eventos para ensalzar a la mujer como objeto, para tratarla como un elemento decorativo, centrados únicamente en la apariencia y haciendo a un lado facetas como la inteligencia, el talento, la habilidad, el criterio, etc. En esos ambientes, la mujer es ensalzada no por sus logros, sino por su apariencia. Lo que pesa son unos ojos bonitos, unas piernas largas o un busto bien proporcionado. La pasarela se vuelve, entonces, corral para la exhibición de ganado fino, el cual queda al alcance de aquellos que cuentan con recursos para adquirirlo.
En estos tiempos, muy pocos en México tienen los recursos económicos que tienen los narcos, de ahí que estos posean las mejores propiedades, los mejores autos y las mejores… mujeres.
Son muchas las cosas que el dinero puede comprar, pero no debería poder comprarlas todas. El asunto es que aquí si es posible, pero ello no es responsabilidad del narco. Después de casi cuatro sexenios y medio de políticas neoliberales, los mexicanos, sobre todos los jóvenes, enfrentan un futuro sin perspectivas, sin posibilidades de desarrollo, sin empleo. Con la certeza de que es virtualmente imposible progresar, no debe extrañarnos el envilecimiento de muchos jóvenes, que con su actitud cínica sólo enfatizan la destrucción del país que pretendemos heredarles.
Lo de la Señorita Sinaloa es sólo un caso más, que destaca porque resultó triunfadora en uno de los muchos circos inmorales que el establishment organiza para mantener conforme a la plebe, y sólo por eso ahora muchos expresan su asombro, como si tal título sirviera de vacuna contra las perversiones que dominan ya en todos los ordenes de la vida nacional.
Ganó un certamen de belleza, no de matemáticas.
Al que deberían nombrar Señorito Restaurant 2009, es El Miradero, porque desea la paz mundial y porque tiene la mejor lengua en salsa verde del planeta, además de que los domingos sirve un bufete inolvidable. Es en el kilómetro siete y medio, en La Higuerita, por la carretera a Culiacancito. Pasan Bacurimí, pasan Bellavista, pasan Huertos del Pedregal, luego hay una gasolinería (a mano derecha) y ya de ahí se alcanzan a ver los anuncios. Ahí mismo hay carpintería: hay catálogo de muebles y pueden ordenarlos a su gusto y pagarlos con tarjeta de crédito. Nos vemos aquí el próximo martes. En jaragonc@gmail.com pueden enviar sus comentarios.



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